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Análisis CR2 | Un análisis hidrometeorológico de la trágica tormenta de Bahía Blanca, Argentina

Análisis (CR)2 | la trágica tormenta de Bahía Blanca, Argentina

Por René Garreaud, subdirector Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2, y académico
del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile; e Iván Vergara, investigador
postdoctoral del CR2.

Editado por José Barraza, divulgador científico CR2

Contexto geográfico y climático

La ciudad de Bahía Blanca (39°S, 62°W, 50 msnm) se ubica en la costa atlántica, al sur de la provincia de Buenos Aires (a unos 640 km al sur de la ciudad de Buenos Aires), albergando a 340.000 habitantes (Figura 1A). Al igual que el resto de la provincia, Bahía Blanca está ubicada en un terreno mayormente plano, con un débil incremento de la altura del terreno desde la costa hacia el este, hasta que aparecen los contrafuertes de la cordillera de los Andes a unos 700 km de la costa. Hacia el norte de la ciudad se encuentran las sierras de Ventania, un grupo de montañas con alturas máximas de 1200 metros, desde las cuales se originan una serie de arroyos. De especial importancia es el arroyo Napostá, con un área aportante de 1300 km2 y que, al pasar por Bahía Blanca, se divide en dos brazos, uno de ellos embovedado por debajo del centro de la ciudad antes de descargar sus aguas en la marisma. Por otro lado, el arroyo Saladillo de García se origina en la llanura pampeana y descarga sus aguas en el sector poniente de la ciudad.

La zona de Bahía Blanca recibe precipitaciones moderadas durante todo el año, promediando los 700 mm, con un máximo en el verano y comienzo de otoño (Zapperi et al., 2007)( https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/94838) cuando ocasionalmente se desarrollan tormentas convectivas sobre la parte sur de la pampa húmeda. Esta zona no es ajena a eventos extremos (Casado & Campo 2019)( https://doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i1.6751), incluyendo olas de calor, lluvias intensas y tormentas tornadogénicas, como la que afectó la ciudad el 16 de diciembre de 2023, causando severos daños y 13 fallecidos (Lambrecht et al., 2024)( https://revistas.unne.edu.ar/index.php/fce/article/view/7790/7412).

Empleando los registros diarios del Servicio Meteorológico Nacional de Argentina (SMN), estación Bahía Blanca Aeródromo, entre los años 2000 y 2024, se presenta un análisis preliminar de la frecuencia de las precipitaciones máximas en 24 horas, de donde se desprende que acumulaciones sobre los 50 mm ocurren cada dos años (Figura 2).

Precipitaciones iguales o superiores a 80 mm por día han ocurrido diez veces en estos 25 años. Estas precipitaciones de verano sobre el centro de Argentina son, generalmente, alimentadas por humedad que proviene desde el Atlántico y la cuenca Amazónica, y transportada hacia el sur por una corriente en chorro de bajos niveles (LLJ: Low Level Jet; Vera et al.(https://journals.ametsoc.org/view/journals/bams/87/1/bams-87-1-63.xml), 2006: Montini etal., 2019)( https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1029/2018JD029634). La región de salida del LLJ -donde ocurren las precipitaciones más intensas- usualmente se ubica en torno a los 25°S, pero bajo ciertas condiciones puede extenderse más al sur, como en el dramático caso que analizaremos a continuación.

El evento de precipitación y sus causas

Bahía Blanca experimentó tan solo una docena de días con precipitación durante el verano 2025, acumulando 130 mm, una condición más bien seca que continuó los primeros días de marzo… hasta que llegó el viernes 7 de ese mes. Entre las 4 y 10 AM de ese día, la estación en el aeródromo de la ciudad registró 290 mm, un valor muy alto -incluso para un estándar tropical- y sin precedentes en los últimos 25 años en el registro local. De acuerdo con la Figura 2, esta acumulación tiene una recurrencia promedio de, al menos, cien años, enfatizando el carácter extremo de este evento.

Las precipitaciones durante el 7 de marzo cubrieron una extensa banda desde el sur de la provincia de Mendoza hasta el Atlántico Sur, como lo revela la estimación basada en datos satelitales (Figura 3), con un núcleo de máximas acumulaciones (superiores a los 300 mm) precisamente sobre la zona litoral de Bahía Blanca. Además, una banda de precipitación más débil se ubicó al oeste de la cordillera de los Andes en la zona sur de Chile.

Hallazgos relevantes para Chile

La intensidad de la tormenta también se advierte en la imagen infrarroja del satélite GOES-16 del 7 de marzo a media mañana (Figura 4A), de la cual se infiere que los topes nubosos sobre Bahía Blanca están por encima de los 15 km de altura, penetrando en la tropopausa. Una gran concentración de rayos se observa en una delgada banda (cercana a los 100 km de ancho) embebida en el área nubosa, evidenciando el carácter convectivo de este sistema (Figura 4B).

¿Cómo logran precipitar 300 mm en unas pocas horas? Pues con un intenso ascenso de masas de aire cargadas de humedad. Previo a la llegada de la tormenta las condiciones superficiales en Bahía Blanca eran cálidas (entre 21 y 23 °C) y con un alto contenido de humedad (humedad relativa mayor a 85 %, y humedad específica superior a 16 g/Kg). Estas condiciones se observan en toda la columna troposférica como lo revela la radiosonda lanzada desde la ciudad de Santa Rosa (a unos 300 km al noroeste de Bahía Blanca; Figura 5), resultando en 58 mm de agua precipitable la mañana del viernes 7, un valor esperable sobre los océanos tropicales, y cerca de tres veces el promedio de verano para esta zona.

Por otro lado, el ascenso de masas de aire cargadas de humedad ocurrió debido a la marcada convergencia en niveles bajos entre el chorro de viento norte (LLJ) sobre el centro de Argentina y el viento del suroeste que prevalecía más al sur. La delgada zona de convergencia (y máxima precipitación) coincide también con un moderado gradiente de temperatura del aire y un marcado gradiente de humedad, por lo cual parece más apropiado referirse a esta banda como una “dryline” en vez de un frente clásico (Figura 6A). La formación de drylines ocurre con cierta frecuencia en el centro de Argentina y se asocian a tiempo severo (como este caso), como se describe en detalle en el trabajo de Bechis et al. (2020)(https://journals.ametsoc.org/view/journals/mwre/148/1/mwr-d-19-0050.1.xml).

Ampliando la mirada, la circulación en la tropósfera media sobre el cono sur de Sudamérica estuvo dominada por una vaguada de onda corta con su eje a lo largo de la costa chilena (Figura 6B). Los fuertes vientos del NW cruzando sobre los Andes tiene varios efectos. En la zona subtropical (25-35°S) estos vientos son capaces de intensificar la depresión termorográfica sobre el noroeste de Argentina debido a factores dinámicos (advección de vorticidad ciclónica en niveles altos) y termodinámicos (calentamiento de la columna de aire por subsidencia en niveles medios), como se describe en Seluchi et al., 2003 (https://journals.ametsoc.org/view/journals/mwre/131/10/1520- 0493_2003_131_2361_tnalas_2.0.co_2.pdf). Lo anterior, sumado a una intensa y persistente circulación anticiclónica sobre el Atlántico subtropical adyacente al continente, contribuyó a la intensificación y extensión hacia el sur del LLJ que transporta humedad y calor. Al sur de los 40°S, los vientos del oeste lograron cruzar la cordillera de los Andes y aportaron el aire más seco, convergiendo con el aire húmedo del norte para formar la dryline antes mencionada (Figura 6A). Nuevamente, referimos al lector al trabajo de Bechis et al. (2020)
(https://journals.ametsoc.org/view/journals/mwre/148/1/mwr-d-19-0050.1.xml) para más antecedentes sobre esta condición. La vaguada en altura explica también la presencia de un frente frío que causó las precipitaciones en la zona sur de Chile ese mismo 7 de marzo.

Principales impactos

La ocurrencia de tormentas convectivas durante el verano y el terreno plano del suroeste de la provincia de Buenos Aires producen que las inundaciones sean los eventos extremos más recurrentes en la zona de Bahía Blanca (Campos et al., 2011)(https://www.revistas.unp.edu.ar/index.php/parrafosgeograficos/article/view/723). Sin embargo, los reportes de prensa y testimonios allí recogidos dan cuenta de que la inundación de marzo de 2025 es una de las mayores ocurrida en la historia de esta ciudad. Las intensas precipitaciones en la zona litoral resultaron en que todos los cauces que pasan y rodean Bahía Blanca se desbordaran en unas pocas horas, ocupando las planicies de inundación sobre las cuales se asienta la ciudad (Figura 7). Las altas tasas de precipitación (50 mm/hr) sostenidas por varias horas generaron una crecida con la suficiente fuerza para arrastrar automóviles con facilidad y con tal rapidez que no dio tiempo para evacuar. Así, la inundación abarcó gran parte de la ciudad, incluyendo la zona céntrica (altamente urbanizada, Figura 8B) y los sectores periféricos, especialmente la población de General Daniel Cerri (Figura 8A), donde se concentraron los damnificados (reporte Diario Río Negro)(https://www.rionegro.com.ar/sociedad/mapa-temporal-en-bahia-blanca-cuales-son-las-zonas-mas-afectadas-por-el-avance-del-agua-4039918/; https:/www.rionegro.com.ar/sociedad/mapa-temporal-en-bahia-blanca-cuales-son-las-zonas-mas-afectadas-por-el-avance-del-agua-4039918/). En algunas zonas el nivel del agua superó los dos metros de altura (Figura 8C).

La inundación urbano-rural afectó infraestructura crítica, como el suministro de energía eléctrica, las vías de acceso y el funcionamiento del hospital más importante de la ciudad. Sin embargo, el impacto más dramático corresponde a los 1500 habitantes evacuados, las 16 personas fallecidas y tres desaparecidas (de acuerdo con la información publicada en medios de prensa hasta el 14 de marzo).

Algunos barrios de la ciudad continuaron inundados hasta cuatro días después de la tormenta, producto de las copiosas precipitaciones y la baja pendiente natural del terreno. A lo anterior se podría sumar un deficiente diseño y mantención de los desagües pluviales, junto al emplazamiento de estos barrios en sectores muy vulnerables. En concordancia con esto último, Lambrecht & Zapperi (2024)(https://www.revistas.unp.edu.ar/index.php/parrafosgeograficos/article/view/1084) indican que, con tormentas de 30 mm diarios o más, ya se deben evacuar hogares, y que, con tormentas de 20 mm diarios o más, ya ocurre algún tipo de afectación a la población, que, dicho sea de paso, son eventos meteorológicos que ocurrieron decenas de veces desde 1990 según los autores.

Consideraciones finales sobre el riesgo hidrometeorológico

El concepto de riesgo (https://www.adaptationcommunity.net/wp-content/uploads/2017/10/GIZ-2017_Risk-Supplement-to-the-Vulnerability-Sourcebook.pdf) —la probabilidad de que una amenaza se convierta en un desastre— involucra la tasa de recurrencia de una amenaza (cuán frecuente ocurre en una ventana de tiempo), la exposición a esta (la cantidad de personas y bienes que pueden ser afectados) y la vulnerabilidad (cuán preparada y sensible es la población y el medio físico sobre la cual se emplaza). Este concepto es esencial para la planificación y desarrollo de las sociedades, que enfrentan múltiples riesgos, pero cuentan con recursos limitados.

Si bien una tormenta intensa (digamos, sobre 100 mm/día) es un evento ocasional que puede suceder en cualquier ventana climática (la pasada, presente o futura), el cambio climático contemporáneo puede alterar su frecuencia. Pese a la escasez de registros de precipitación de largo plazo -algo típico en nuestro continente-, diversos estudios han detectado un aumento de algunos milímetros en las precipitaciones anuales y máximas diarias en las últimas décadas (Haylock et al., 2006 (https://journals.ametsoc.org/view/journals/clim/19/8/jcli3695.1.xml); Sun et al., 2021 (https://journals.ametsoc.org/view/journals/clim/34/1/jcliD190892.xml); Lagos‑Zuniga et al., 2024 (https://link.springer.com/article/10.1007/s00382-022-06598-2). Los modelos climáticos también indican en forma consistente la continuación de este aumento durante el siglo XXI (aunque con magnitudes variables de acuerdo con la concentración de gases con efecto invernadero), en línea con las expectativas conceptuales del efecto del cambio climático. Entonces, aunque no es posible (ni necesario) atribuir un evento meteorológico particular (como la tormenta del 7 de marzo 2025) únicamente al cambio climático, sí se prevé con razonable confianza una mayor recurrencia de este tipo de eventos en las condiciones actuales y las décadas futuras, en comparación con el clima pasado, tal como reportan Osman et al. (2025)(https://zenodo.org/records/15005894), precisamente, para la tormenta que estamos analizando. No obstante, este aumento de frecuencia, tales eventos seguirán siendo excepcionales.

Junto con el aumento de la amenaza física, sobre la cual tenemos poco control, existen marcados cambios demográficos y tecnológicos que alteran la exposición y vulnerabilidad -y en consecuencia el riesgo- sobre los cuales sí es posible intervenir de manera local y tangible. En particular, la ubicación de grandes poblaciones en terrenos potencialmente inundables representa uno de los mayores impulsores del aumento de riesgo en muchos lugares del planeta, y queda de manifiesto en el reciente evento en Bahía Blanca. Aunque este problema es ampliamente reconocido, limitaciones económicas y elementos socioculturales dificultan la relocalización de la población en terrenos menos vulnerables. Por otro lado, diversos actores –desde el gobierno central a las personas– pueden tomar medidas estructurales tendientes a disminuir la vulnerabilidad, con especial énfasis en la protección y mantención de la infraestructura critica (Lambrecht & Zapperi 2024)(https://www.revistas.unp.edu.ar/index.php/parrafosgeograficos/article/view/1084).

Finalmente, pero no menos importante, es el desarrollo de pronósticos de corto plazo de eventos hidrometeorológicos extremos, lo cual requiere de nuestra mejor ciencia y tecnología. El pronóstico meteorológico de día anterior daba cuenta de una tormenta importante, pero las precipitaciones fueron subestimadas (por un factor 3) lo que resultó en la emisión de una alerta naranja y no roja. En tanto, el radar del Servicio Meteorológico Nacional en Bahía Blanca permitió la adecuada identificación de la intensa tormenta que se aproximaba a la ciudad en la madrugada del 7 de marzo (Figura 9A), por lo que se emitió una alerta roja a las 8 AM de ese día (Figura 9B) cuando ya se había inundado parte de la ciudad. Lo anterior no solo enfatiza la necesidad de continuar el esfuerzo de mejoramiento de los pronósticos, sino también su encadenamiento con un adecuado sistema de información, junto con la existencia y divulgación de planes muy claros y efectivos para que la población sepa cómo actuar frente a estos eventos.

Referencias

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